Dormido entre las pestañas de una ilusión perdida,
un eco suave susurra en la brisa apacible.
Los panfletos amarillos, hojas de la vida,
donde se ocultan los sueños, el tiempo indefinible.
Recuerdos de sonrisas, clandestinas y suaves,
las sombras danzan en un rincón olvidado.
Cada rayo de sol en lo oscuro se atreve,
dibujando un paisaje en un corazón cerrado.
Las calles murmuran secretos antiguos,
pasos que retumban en el eco del ayer.
Voces que se pierden entre risas y bríos,
tejiendo historias que nunca se han de romper.
Esa sonrisa furtiva, un faro en la niebla,
un instante robado al albor de la vida.
Las flores en el jardín, con fragancia de tregua,
susurran a las estrellas una voz compartida.
Un café humeante y un libro desgastado,
lo cotidiano se viste de magia y de encanto.
Las horas se deslizan, como un río dorado,
y el mundo se detiene en un suspiro tanto.
Las ventanas del alma, entreabiertas, susurran,
las historias de amores en noches de verano.
Cada mirada furtiva, en la que dos mundos murmuran,
es un lienzo de colores, un destino lejano.
Así, me encuentro dormido, navegando entre palabras,
un poema sin fin, una melodía callada.
Entre panfletos y sombras, mis memorias labras,
un jardín de esperanzas, donde el alma es sembrada.
Las horas siguen su danza, un vals eterno,
cada instante perdido es un tesoro añorado.
Los sueños se deslizan, como un viento tierno,
en el rincón secreto donde el tiempo es sagrado.
Así, sigo soñando, entre las pestañas suaves,
donde la ilusión me abraza con su manto sutil.
En el eco de sonrisas y en recuerdos claves,
encuentro el sentido, en ser feliz de perfil.
Aunque la vida cambie y el tiempo se asiente,
los recuerdos permanecen, raíles del alma.
La ilusión perdida murmura en presente,
una canción de amor que en calma se embalsama.
Los panfletos vuelan, como hojas en otoño,
cada palabra escrita es un latido vivo.
En su fragilidad, encuentro lo que me duele,
un refugio dulce donde el ser es altivo.
Caminando por senderos que el pasado creó,
las risas se entrelazan con lágrimas de ensueño.
Cada paso es un verso que al corazón dio,
la melodía oculta de un amor pequeño.
Gota a gota, el tiempo se viste de poesía,
y las sombras susurran secretos del ocaso.
Cada estrella que brilla en la inmensa lejanía
es un faro eterno en mi viaje al acaso.
En el rincón oscuro, el alma va danzando,
los recuerdos se enredan en un dulce vaivén.
En un mundo de ilusiones, dulce y encantando,
donde la vida es laberinto, pero es también bien.
Así, me aferro a la flor que el destino me ofrece,
cada pétalo cuenta la historia de un ayer.
En la risa escondida, el amor florece,
dormido entre las pestañas, vuelvo a renacer.
Las olas del recuerdo rompen en la orilla,
susurran melodías de un tiempo olvidado.
Cada palabra un río, cada rayo una maravilla,
donde el corazón late al compás de lo amado.
Y aunque las sombras acechen y el miedo persiga,
las risas se alzan como aves en el cielo.
En cada ilusión, mi espíritu se abriga,
en la danza continua de la vida sin velo.
Dormido entre las pestañas, no me quiero despertar,
porque en este instante, todo es claridad.
Las sonrisas clandestinas son faros en el mar,
guardián de mis sueños, luz de la humanidad.
Así continúo entre ilusiones perdidas,
con el eco de sonrisas que el alma acaricia.
En este viaje hermoso, mis heridas son vidas,
donde cada recuerdo es un canto, una delicia.
Así, en esta odisea de amor y de añoranza,
me encuentro en los panfletos de un tiempo imperecedero.
La vida es una danza, una hermosa balanza
donde el sueño y la risa son el camino entero.























