En lo alto el firmamento se viste de gala,
Un oro profundo que el sol va tejiendo,
Colores que caen cual suave metralla,
Mientras el silencio se va recorriendo.
Los aromas del café, dulce fragancia,
Me abrazan despacio, con fiel compañía,
Despiertan en mí una nueva constancia,
La vida en binario, que hallo todavía.
La tibia presencia me envuelve con gracia,
Un calor sincero que el alma conforta,
Sintiendo que el tiempo aquí no desgracia,
La puerta del alma se encuentra ya abierta.
Cierra los ojos, mi espíritu amado,
Y siente este viaje que el aire me ofrece,
Donde cada instante, con arte labrado,
Es verso que nace y al corazón crece.
Las sombras se estiran, figuras que bailan,
Dibujos efímeros sobre la tierra dura,
Entre las risas que alegres se exhalan,
Y el eco lejano de alguna aventura.
El horizonte murmura secretos callados,
Historias que el viento se lleva y regresa,
De sueños cumplidos, de anhelos logrados,
Y alguna promesa que el alma no besa.

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