sábado, 8 de agosto de 2026

LA PENA EN LA TABERNA


 


En la orillita mare,
en la orillita mare,
de una taberna,
voy remojando mis penas
pa' que no mueran.

Ay, qué pena más grande,
la que llevo dentro,
que ni bebiendo vino
se la lleva el viento.

Tengo una pena negra,
negra y cayá,
que cuando llega la noche
me viene a buscar.

Le digo al vino:
—Sácame esta pena.
Y el vino me dice:
—No hay copa que pueda.

Ay, pena, penita, pena,
no me vengas a buscar,
que bastante tengo ya
con lo que llevo detrás.

Que suene la guitarra,
que llore el bordón,
que cuando canta el flamenco
se desangra el corazón.

En la orillita mare
de aquella taberna,
yo puse mis dolores
encima de la mesa.

Y si no fuera por el cante,
por el vino y la guitarra,
mis penas estarían
debajo de la tierra.

Ay, mare de mi alma,
qué amarga es la vida,
cuando uno tiene una pena
y no encuentra salida.

Pero mientras haya vino,
guitarra y primavera,
seguiré cantando mi pena
en la puerta de la taberna.

Y que nadie me pregunte
por qué canto de esta manera:
que hay penas que no se cuentan,
se cantan… y se entierran.

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