Seguro que no sería tanto el dolor,
si el alma supiera olvidar con el viento;
si después de entregarnos, piel contra piel,
no quedara un recuerdo latiendo por dentro.
Después de hacer el amor contigo,
vi el brillo en tus ojos, recién estrenado,
un pequeño universo naciendo en tus mejillas,
un instante que el tiempo dejó apresado.
Y dejaste caer, sobre el nudo en mi garganta,
palabras tan dulces que parecían antiguas;
como si otro tiempo volviera a mis manos,
como si tus labios conocieran mis dudas.
Pero llevo en el pecho un rosario de ausencias,
cuentas de un amor que no quiere romperse;
y en cada virtud que descubro en tus ojos
hay una sombra que insiste en esconderse.
Porque hubo otro abrazo que fue mi refugio,
otra voz que hizo hogar dentro de mi silencio;
y aunque hoy seas tú quien me ofrece la calma,
su recuerdo regresa, furtivo, hasta el pecho.
Oh, qué extraño es amar cuando el alma vacila,
cuando un beso presente despierta un ayer;
cuando el cuerpo se entrega buscando la dicha
y el corazón, dividido, no sabe qué hacer.
En tus brazos navego un mar apacible,
una noche sin miedo, desnuda de heridas;
pero al fondo de todo, donde nadie alcanza,
una bruma dibuja otras viejas caricias.
Amor que se aferra, amor que se apaga,
pequeña llama que se niega a morir;
mientras tú me iluminas con tu propia mañana,
otro nombre en mi sombra se empeña en latir.
Y no sé si quererte será suficiente
para que el pasado renuncie a volver;
ni sé si este fuego que nace contigo
podrá borrar la huella de aquel querer.
Quizá amar también sea esta contradicción:
abrazar lo que llega mientras duele lo ido;
besar unos labios sintiendo en el fondo
el eco lejano de otro latido.
Pero cuando amanezca y la noche se marche,
tal vez las estrellas sabrán qué decir;
quizá el corazón, cansado de sombras,
aprenda por fin a quedarse en ti.
Y si alguna lágrima cae entre tus brazos,
no preguntes de dónde aprendió a caer;
hay amores que mueren sin dejar de existir,
y hay recuerdos que tardan una vida en desaparecer.
Por eso te abrazo, aunque tiemble mi alma,
aunque el ayer todavía quiera regresar;
porque entre tu pecho y mi pecho esta noche
hay una verdad que comienza a despertar:
que quizá no se trata de borrar lo vivido,
ni de negar lo que un día dolió;
sino de elegir, aun con miedo y heridas,
el amor que hoy, frente a mí, se quedó.


















