Una rosa negra como la noche,
marchita en el borde del dolor,
lleva el silencio de un te quiero
que se perdió sin voz.
Late en la herida abierta del tiempo,
sangra en cada rincón,
y en la mirada fría del mundo
se deshoja nuestro amor.
Y nace o muere sin aviso,
como
un suspiro en la piel,
se quiebra en mil pedazos
lo que no supimos ver.
Rosa negra, flor del olvido,
crece donde no hay calor,
se alimenta del vacío
que dejó nuestro
amor.
Rosa negra, noche eterna,
lágrima sin final,
vive entre sombras y ausencias
que no vuelven jamás.
Entre las piedras del camino
se arrastra sin dirección,
moja la piel de la mañana
con su amarga canción.
Huele a duelo cada instante,
a promesas que no están,
y en sus pétalos se esconden
suspiros que morirán.
Y nace o muere en el viento,
sin saber a dónde ir,
como un eco que se pierde
antes de poder vivir.
Rosa negra, flor del olvido,
crece donde no hay calor,
se alimenta
del vacío
que dejó nuestro amor.
Rosa negra, noche eterna,
lágrima sin final,
vive entre sombras y ausencias
que no vuelven jamás.
Cada invierno la
despierta,
cada ausencia la hunde más,
entre brazos de la nada
vuelve siempre a comenzar.
Y en tus lágrimas oscuras
se ahoga sin redención,
como un grito que no
encuentra
salida en el corazón.
Rosa negra, flor herida,
testigo de este final,
en tus pétalos se escribe
lo que no pudo durar.
Rosa negra, amor marchito,
sombra
que aprendí a abrazar,
eres todo lo que queda
cuando ya no queda más.
Una rosa negra como la noche…
y mustia…
como el rostro de nuestro amor…

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