miércoles, 2 de septiembre de 2026

LOS DOS CAMINOS


 

Bajo árboles que nunca pierden su verde eternidad, 
los ríos cantan claros secretos de cristal, 
pies descalzos despiertan la tierra al caminar, 
y el sol se rompe en escamas sobre el agua al pasar. 

Ciervos y gacelas bajan sin temor a beber, 
mientras peces juegan en la espuma del amanecer, 
y el aire huele a fruta madura y floración, 
como si el mundo entero respirara en comunión. 

En este jardín sin dueño ni prisión, la vida late libre, 
sin miedo ni condición. 
Pero hay dos caminos abiertos en el centro del ser, 
uno es luz que te abraza, el otro te puede perder. 

Uno canta a la vida, al amor y a la verdad, 
el otro siembra cadenas disfrazadas de eternidad. 
 Entre hierbas que susurran nombres de libertad, 
dos rutas nacen en la misma encrucijada ancestral. 

Una lleva a manos abiertas sin miedo a dar, 
donde el fruto cae solo, sin tener que conquistar. 
La otra se enreda en espinas de ambición, 
en murallas de orgullo, de miedo y posesión. 

Y el hambre se disfraza de orden y devoción, 
mientras crece la sombra de una falsa salvación. 
Y en nombre de un poder que alguien quiso inventar, 
se escribió la historia para poder dominar. 

Dos caminos abiertos en el centro del ser, 
uno es luz que te abraza, el otro te puede perder. 
Uno canta a la vida, al amor y a la verdad, 
el otro siembra cadenas disfrazadas de eternidad. 

Y el hombre se creyó dueño del cielo y del mar, 
creó dioses de hierro para poder controlar. 
Tomó el agua, la tierra, el pan y el porvenir, 
y olvidó que la vida no se puede someter ni medir. 

Dos caminos abiertos en el centro del ser, 
y aún decides cada día cuál quieres recorrer. 
Uno nace en la tierra, en la verdad y el sol, 
el otro en la sombra del miedo y del control.

JESÚS PÉREZ ROMERO

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