Abrazado con fuerza al calor,
de ese último aliento que se va,
colgado de las manecillas del reloj,
que controla nuestra vida y su tictac.
Es una cuerda tensa,
una existencia en vilo,
donde el tiempo nos dicta
el final del camino.
Me subo de puntillas,
sin hacer ruido,
a la ventana gris
del tedio compartido,
y desde el borde del abismo
empiezo a mirar lo que la calma
no nos deja observar.
Y contemplo con una sonrisa
cargada de ironía y mala leche,
como se ahoga mi imagen sin prisa,
en un mundo que el hambre aproveche.
Desnudo de ropa, desnudo de fe,
mi reflejo se pierde,
donde ya no estaré.
Ahí va mi sombra,
sin esperanza alguna,
flotando en las aguas
que no tienen luna,
un río revuelto, turbulento y fatal,
donde el llanto del hombre
es el ruido ancestral,
cargado de guerras,
de injusticia y de miedo,
donde el pez más grande
nos clava su dedo.
¿Qué queda del hombre cuando el reloj se detiene?
¿Qué queda del alma cuando el río la retiene?
Solo esa sonrisa, mordaz y punzante,
viendo el naufragio de un mundo arrogante.
Y contemplo con una sonrisa cargada de ironía y mala leche,
como se ahoga mi imagen sin prisa,
en un mundo que el hambre aproveche.
Desnudo de ropa, desnudo de fe,
mi reflejo se pierde, donde ya no estaré.
Y colgado del reloj, abrazado al aliento,
en las aguas del río, se ahoga mi tiempo.
martes, 1 de septiembre de 2026
EL RIO DE LA IRONIA
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA PARTIDA
Perdí en el juego que tú inventaste, sin comprender las reglas al entrar; moviste mis piezas, luego te marchaste, dejándome solo frente al...
-
Cuando pienso en ti... La risa caprichosa que nace entre los labios desnudos del viento, levanta la falda que cubre las rodill...

No hay comentarios:
Publicar un comentario