Cuando el viento del este soplaba con fuerza
y el tomillo y los hinojos danzaban en el aire,
su pelo suelto al viento, mostraba pureza
Y en su andar un mágico y bello donaire.
Libres los hombros, la sierra susurra,
firme el paso, como río que canta,
la brisa acaricia, la piel que murmura,
en su rostro la luna gentilmente implanta.
Un susurro del campo, su esencia se siente,
bajo la blusa blanca, un juego de luces,
con los botones luchando valientemente,
en una danza suave que nunca se induce.
Caderas que giran, apelando a la vida,
como el ciclo del trigo que brota en el suelo,
cada paso que da, es primavera querida,
en la tierra fértil donde gime el anhelo.
Sus labios carnosos, la fruta del día,
rojos como el fuego, ardientes en calor,
sus risas resuenan, música en armonía,
como un río que fluye, pura felicidad y amor.
Dientes blancos, soldados de un campo dorado,
alineados con gracia, como surcos de espera,
verdes los campos despliegan su lado,
y en su andar se mueven, la tierra es su esfera.
Las flores la siguen, la belleza divina,
la albahaca y el orégano se inclinan a su paso,
cuando el viento del este, su fuerza destina,
un canto de hogar, un romántico lazo.
Bajo el sol que despliega su luz sobre el campo,
el aroma del hinojo se une al susurro,
y su vida se llena de un mágico encanto,
bajo un cielo que sueña, bajo un manto seguro.
Como el río se abraza a la orilla que ama,
así siente la tierra su latido intenso,
cuando el viento del este sopla drama,
y ella, mujer fuerte, se siente inmenso.
Su andar es poema, su gesto es canción,
la tierra respira en su paso ligero,
y cada rincón reverbera su pasión,
bajo un cielo estrellado, en su sendero.
Así, cuando el viento susurra con fuerza,
y el olor a tomillo embriaga el sendero,
recordaré su forma, su mágica esencia,
su belleza radiante, en el hogar sincero.

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