La memoria juega, un laberinto incierto,
un eco de risas, de llantos pasados.
El tiempo es un ladrón que se vuelve muy experto,
despojando de brillo lo que fue siempre amado.
En la confusión hallamos la esencia,
los fragmentos de vida, sueños perdidos.
Así, en la lucha por hallar coherencia,
forjamos en las sombras destinos heridos.
Mas en cada herida late la esperanza,
un sol que renace tras llantas de tormenta.
Aunque el dolor sea un constante baluarte,
los corazones humildes son fuerza que enfrenta.
Así navegamos, entre luces y sombras,
a lo largo del río que el destino nos tiende.
Con cada herida, el amor que asombra,
hace renacer lo que el tiempo pretende.
En el viaje incierto de esta existencia,
los corazones humildes, en su andar constante,
con valentía enfrentan la resistencia,
y en cada herida, su latido es vibrante.

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