Cuando cojo tus manos, siento volar
mi corazón libre, sin más ataduras.
En un rincón del cosmos quiero hallar,
donde arder en llamas, sin censuras.
Sutil es el viento que nos acaricia,
susurra los sueños que juntos tejimos.
Mientras el reloj, sin prisa, se desliza,
en cada latido, secretos vivimos.
Busquemos la estrella que brilla solo,
fundiendo dos almas en un abrazo.
Nuestros cuerpos danzan, sin ningún lodo,
bailando en la noche, del mundo acaso.
Las sombras se esconden, no hay razón temer,
pues en este viaje, tú eres mi faro.
La luz de tu risa me invita a creer,
que el amor verdadero jamás es raro.
Y si el tiempo apura sus pasos alados,
nosotros persistimos en nuestro vuelo.
Construyendo un refugio de sueños dorados,
donde el alma encuentre su verdadero suelo.
Que al tocar tus manos se apaga el dolor,
se disipan los miedos, surge el anhelo.
Que el fuego nos abrace, purifique el amor,
y nos envuelva en su ardor, cual bello cielo.
Así, entre galaxias, forjamos un lazo,
nuestros corazones en un mismo compás.
El eco de risas perfora el ocaso,
y en este instante eterno, solo hay paz.
Cuando cojo tus manos, no hay nada que temer,
pues el universo entero conspira a favor.
En cada susurro, en cada amanecer,
te encuentro en mis versos, mi fiel acompañador.

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