En la brisa suave susurra el anhelo,
los atardeceres cantan su canción,
con el murmullo del agua, eterno destello,
un eco de amor que acaricia el corazón.
Las miradas furtivas, secretos guardados,
en la penumbra se encuentran sin temor,
se entrelazan los versos de sueños soñados,
susurran a la luna un dulce clamor.
En este refugio, donde el tiempo se frena,
las sombras se alargan, danzan sin final,
juntos navegamos en la paz que promesa,
un mundo de sueños donde el amor es real.
Las luces titilantes brotan de cada estrella,
son música plena que llena el lugar,
en el suave vaivén de la noche bella,
nuestros corazones comienzan a volar.
Cada hoja que cae, ligera y dorada,
lleva nuestro mensaje, se suma al viento,
las luces del atardecer, cómplices calladas,
revelan la historia que guarda el momento.
En cada paso dado, un nuevo pasaje,
la senda se visten de eternidades,
nuestros corazones danzan en su homenaje,
en un mar de promesas y de verdades.
Los suspiros flotan en el aire tibio,
como perfumes suaves de flores de ayer,
un canto sereno, un leve desvarío,
que guía mis pasos al próximo amanecer.
Oh, los atardeceres, sus voces encantadas,
trabajan en silencio, orquestan la luz,
y el murmullo del agua, así entrelazadas,
es un eco de amor que abraza la cruz.
Cada estrella brilla en el cielo profundo,
como un faro que espera el faro de amor,
invitándote a soñar en este mundo,
donde el tiempo se para y no hay más temor.
Nos abrazamos fuerte en la noche estrellada,
con el viento danzando en nuestra piel,
y en el aire vibrante de esta jornada,
seremos eternos, unidos por la miel.
Así en este rincón, donde todo comienza,
la historia se cuenta sin prisa, sin fin,
bajo cielos dorados, se esconde la esencia,
de dos almas que el destino entrelazó al fin.
Los atardeceres cantan a nuestros anhelos,
con su luz moribunda que invita a amar,
el murmullo del agua, suave y sincero,
nos recuerda que siempre debemos soñar.
En la magia de un instante, el tiempo se quiebra,
los secretos florecen, el amor se revela,
y así, entre miradas, la vida celebra,
los anhelos profundos que el alma consuela.
Llegamos a ser parte de este hermoso juego,
donde cada momento es un verso por hallar,
los susurros del viento se vuelven nuestro fuego,
y el amor, cual atardecer, nunca dejará de brillar.

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