Condenado a cadenas perpetuas,
en esta prisión de desventuras,
cada madrugada veo en sombras,
las huellas de nuestras locuras.
Serás siempre el suspiro eterno,
la melodía en el silencio gris,
mi alma en sus cadenas encierra,
la esperanza de un amor que es y no es.
Así pasa el tiempo en su danza,
y la vida, como río, se va,
quedando atrás los ecos tristes
de un amor que me quiere olvidar.
Mas en cada lágrima caída,
brillan recuerdos resplandecientes,
pues aunque condenado, rindo homenaje
a tu amor y sus suaves latentes.
Entre las sombras azules que la noche ha tejido,
mis manos desnudas buscan el calor que has perdido,
susurrando en la brisa, mientras la luna canta,
las caricias lejanas que mi alma tanto aguanta.
Sobre el rostro oscuro de la soledad reposa,
un silencio profundo que nunca se reposa,
y en la quietud del alba, cuando el mundo despierta,
cobijo la verde esperanza que mi pecho alberga.
Encontrarte de nuevo entre ramas de un beso,
sería como el agua que calma este exceso,
la rima curiosa juega en la orilla del miedo,
entre los volantes suaves de un amor nunca quedo.
Cada tarde se oculta la risa juguetona,
de tus labios de miel, dulce y enigmática persona,
y en el vaivén del viento, yo busco tu mirada,
perdida entre juncos, entre sombras calladas.
Cobijo la verde esperanza de un encuentro sincero,
dormida en las orillas de un silencio ligero,
que cada noche invade este mosaico dorado,
donde los últimos suspiros son sueños guardados.

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