He roto los cristales del silencio,
que aprisionaban mi sentir;
y al abrir las ventanas del alma,
te vi en el viento sonreír.
Llegaste envuelta entre fragancias,
como la aurora sobre el mar;
dejando en mi pecho esperanzas
que nunca dejaron de cantar.
Quise que el tibio de mi aliento
rozara tu boca, flor de abril;
y que en un instante sin tiempo
se fundiera mi alma en tu perfil.
Tus labios, encendidos de amapola,
guardan el fuego de un querer;
son la promesa que enamora
y el dulce motivo de mi ser.
Tus sonrisas visten mis mañanas
con el rocío de la ilusión;
brotan como flores tempranas
en el jardín del corazón.
Y cuando tus ojos me contemplan,
todo el universo guarda paz;
hasta las sombras se iluminan
bajo su cálido compás.
Si alguna vez el viento calla
y el cielo deja de cantar,
abriré de nuevo mi ventana...
porque sé que tú volverás.
Mientras exista tu mirada,
no habrá invierno en mi interior;
pues hallé en tu luz sosegada
el infinito de mi amor.

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