viernes, 17 de julio de 2026

EN EL ECO DE UNA HERIDA


 

En el eco profundo de una herida,
late el corazón en sombras errantes.
La vida, cual río, en su desmedida,
nos envuelve en dudas y mares cambiantes.

Hay noches en que el alma se hace viento,
buscando una luz tras la oscura ribera;
y el silencio, vestido de lamento,
nos deja la esperanza prisionera.

Pero siempre amanece una alborada
que despierta los sueños dormidos;
la fe, como una llama nunca apagada,
recompone los puentes abatidos.

No hay dolor que eternamente permanezca,
ni tormenta que venza al horizonte;
cada lágrima, aunque el pecho entristezca,
es semilla escondida en el monte.

Porque el tiempo acaricia las cicatrices,
con manos invisibles de paciencia,
y convierte los viejos días grises
en senderos de nueva transparencia.

Así aprendemos, entre luz y olvido,
que vivir es caer y levantarse;
que el amor, aun herido y malherido,
siempre encuentra el valor para entregarse.

Y cuando el río alcance su destino,
tras las curvas del miedo y la distancia,
sabremos que en cada paso del camino
la esperanza venció con su constancia.

 

 

 

 

 

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