Como la sonrisa callada del viento,
que besa despacio la tarde al morir,
se escapan los sueños desnudos y lentos,
por sendas de niebla difíciles de abrir.
Como la caricia de
un cielo dormido,
que guarda en silencio su último color,
así va mi alma, cruzando el olvido,
buscando en la sombra la huella del sol.
Y quedan flotando palabras de luna,
fragmentos de un beso que no terminó,
pequeñas estrellas temblando en la bruma,
recuerdos que el tiempo jamás se apagó.
Después, en la calma de un cuarto vacío,
la noche recuesta su voz sobre mí,
y un eco lejano de risas y lirios,
despierta despacio lo que ya perdí.
Las sombras
caminan descalzas y lentas,
arrastran secretos de amor y cristal,
mientras la memoria suspira y se inventa
un mundo imposible, detrás del portal.
En el rincón tibio donde habita el sueño,
la vida se mece
con dulce canción,
y el cielo derrama su fulgor pequeño,
como la sonrisa secreta del corazón.

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