Recuerdo la luz que habitaba en tus ojos,
serena y limpia como el alba en el mar;
cada palabra vencía los despojos
que el silencio pudiera sembrar.
Compartimos caminos, risas y sueños,
horas que el tiempo jamás consiguió borrar;
hicimos del instante un reino pequeño
donde aprendimos el arte de confiar.
Cada conversación levantaba un refugio,
un hogar construido con verdad y emoción;
sin saberlo, nacía entre los dos el orgullo
de llamarnos amigos de corazón.
Luego la vida desplegó sus senderos,
nos llevó por horizontes de distinta dirección;
pero nunca pudieron romper los recuerdos
ni apagar la llama de aquella unión.
Porque tu voz permanece en mi memoria,
como un faro encendido sobre el temporal;
ilumina las noches, rescata la historia
de un cariño profundo, sencillo y leal.
Hoy la nostalgia recorre lentamente
los rincones donde aún vive tu calor;
es un río que canta silenciosamente
las viejas melodías del afecto y del amor.
Y sé que llegará ese esperado momento,
cuando el destino nos vuelva a reunir;
sin importar los años ni la distancia del tiempo,
bastará un abrazo para volver a sonreír.
Entonces comprenderemos, sin decir palabra,
que lo verdadero nunca llegó a partir;
porque quien deja su alma sembrada en otra alma
permanece para siempre… dispuesto a vivir.

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