Como si fuera un viejo amigo que regresa
de un largo viaje al caer la tarde,
vuelven a mi alma aquellos recuerdos
que el tiempo jamás pudo borrarme.
Hoy visita mi mente aquel instante
en que el destino pronunció tu nombre;
cuando dos miradas, sin decir palabra,
escribieron un pacto sobre el horizonte.
Bajo el cielo claro y la brisa suave,
nuestras risas se fundieron sin medida;
cada paso sembró una esperanza nueva,
cada latido despertó la vida.
El sol vestía de oro los caminos,
las flores ofrecían su perfume al viento;
y el universo, en un silencio eterno,
bendecía el nacimiento del sentimiento.
Desde aquel día caminamos juntos,
compartiendo alegrías y tormentas;
aprendiendo que el amor verdadero
crece más fuerte cuando el alma intenta.
Porque el tiempo podrá cambiar los paisajes,
dibujar algunas huellas en la piel,
pero jamás apagará la llama
que nació aquel hermoso atardecer.
Y cuando vuelvan los recuerdos,
como un viejo amigo que jamás se olvida,
abriré las puertas de mi corazón
para revivir contigo aquella primera sonrisa.
Pues hay encuentros que no son casuales,
sino promesas escritas en el cielo;
historias que comienzan con una mirada
y terminan convirtiéndose en un amor eterno.

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