Amargamente embriagado por el dolor,
bebiendo el vino añejo de una vieja herida,
que fermenta oculto en el vientre del rencor
sin las alas de la soledad en esta vida.
Hoy he roto las
páginas rosas, el color marchito
de un calendario que ya no sabe contar,
y he jurado ante tu foto, en un silencio infinito,
que a tu memoria no la volveré a invocar.
He creado un luctuoso ramillete de
flores muertas,
con hojas perennes de dudas que no tienen final,
embargando los cimientos, dejando las puertas abiertas
de mi pobre corazón que hoy carece de cal.
Y he tirado al mar el orgullo de tus labios,
ese halo
de ironía que solías vestir,
la magia sensual de tu sonrisa y sus resabios,
todo el misterio que no me dejaba vivir.
He caminado arrastrando mis pies de lagartija,
por los caminos sin rostro que no
van a ningún lugar,
buscando una sombra, una pequeña rendija,
donde este cansancio pueda al fin descansar.
He recorrido la distancia que nos separa eternamente,
esa brecha de tiempo que nadie pudo cerrar,
para
jugar al esconder, tan inútilmente,
con la sombra de lo que no pudimos salvar.
Y aquí me encuentro, junto a la puerta abierta,
de esa triste "Universidad del Llanto",
donde la nostalgia se
queda despierta
y tus caricias ya no tienen su encanto.
Allí duermen olvidados los restos del fuego,
bajo el polvo de un aula que nadie visitó,
donde aprendí que el amor es un ciego
que se pierde en la
ruta que el olvido trazó.
Amargamente embriagado... Sin alas, sin rumbo, sin ti.
He tirado tu orgullo al mar, y el calendario... por fin se detuvo aquí.

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