La luna te regaló su fulgor,
un lienzo cósmico de estrellas mil,y la Alhambra, con su antiguo amor,
perfumó tus sueños, tan gentil.
En tus ojos, un abismo insondable,
donde el misterio eterno se oculta,
un secreto dulce, inalterable,
en cada mirada que me resulta.
Tu rostro, cual amapola tierna,
muestra inocencia pura y serena,
la protección que siempre fue eterna,
un alma protegida, ajena.
Jamás conociste la gran libertad,
pero en tu ser reside una gracia,
una quietud, una inmensidad,
que mi alma enamorada abraza.
Con el amor juegas, ligero, efímero,
cual niño que mece una cometa,
surcando el cielo, un vuelo sincero,
una sensación nueva, secreta.
Tu cuerpo vibra, un himno a la vida,
descubriendo el gozo en su latir,
una aventura recién nacida,
un despertar, un dulce sentir.
Conviertes tu existencia en un confín,
un negro agujero, dulce, atrayente,
donde la noche nace de tu sinfín,
dispuesta a beber el amor ardiente.
Y cada noche, con afán voraz,
buscas nutrirte de mi cariño,
un solo trago, un amor tenaz,
que borre todo rastro de desdichado.
Así te siento, luna y Alhambra en ti,
misterio y pureza en tu mirar,
un corazón que late solo por mí,
en este amor que empieza a florecer.
En tu inocencia encuentro mi refugio,
en tu juego el gozo se desliza,
y en tu deseo, un dulce conjuro,
que mi alma en tu abismo se desliza.

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