En la quietud de una tarde serena,
cuando el sol se despide del mar,
tu recuerdo florece en mis venas
como un canto imposible de callar.
Llegaste despacio, como la brisa
que acaricia los campos al pasar,
y dejaste en mi alma una sonrisa
que ni el tiempo ha podido borrar.
Tus ojos guardaban universos,
secretos que aprendí a descifrar,
y en el eco dulce de tus besos
hallé un lugar donde descansar.
No importa la distancia ni el destino,
ni las noches que invitan a olvidar,
porque llevas tu nombre en mi camino
como una estrella que me guía al andar.
Y si algún día el mundo se detiene
y el silencio nos quiere separar,
mi corazón sabrá que te mantiene
viva en cada latido al despertar.
Porque amar es sembrar eternidades
en un instante breve y fugaz,
es encontrarse entre mil soledades
y descubrir que existe algo más.

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