Las puertas se abren, y el futuro es inclemente,
como un viento desconocido que no deja de soplar;
trae pruebas, silencios y caminos diferentes,
pero tú descubres la manera de avanzar.
Cada paso vacilante se convierte en aprendizaje,
cada caída en la tierra fortalece el corazón;
ya no pesan las máscaras ni el antiguo personaje,
porque nace desde dentro una
nueva convicción.
La prepotencia se torna un pálido presente,
sombra breve que se pierde al amanecer;
lo que parecía gigante se vuelve transparente,
y deja espacio a la verdad de tu ser.
Entonces florece aquello que siempre estuvo oculto,
una luz serena que nadie puede apagar;
tu esencia verdadera, libre de orgullo y tumulto,
empieza lentamente, pero firme, a brotar.
Y aunque el mañana conserve su dureza y su misterio,
ya no caminas temiendo lo que pueda suceder;
porque has hallado en tu alma el más valioso criterio:
ser fiel a quien eres y aprender
a renacer.

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