lunes, 1 de junio de 2026

MENDIGO



 

 

 Entre cartones mojados por el relente,
mayo le canta despacio al amanecer,
un hombre duerme abrazado al cemento
como quien ya no espera volver.
Pelo de invierno, barba de niebla,
guantes gastados para no sentir,
y un viejo portal le presta refugio
cuando la noche se olvida de abrir.
Y no hay manos inocentes
que le despierten la piel,
solo sueños que se escapan
antes del amanecer

Mendigo…
con un perro y un café negro,
moja churros en la boca
de la soledad.
Mendigo…
sin relojes ni promesas,
lleva el mundo entre los ojos
y nada que guardar.

Libre del peso de tantas cadenas,
de los bolsillos y del aparentar,
guarda en la cara la risa del viento
y una ternura difícil de explicar.
Bosteza lento, levanta la botella,
acaricia el cristal como a un amor,
y en el vino se pierden los recuerdos
que aún le hablan con otra voz.

Tal vez hubo una ventana,
tal vez alguien le llamó,
tal vez una Gioconda eterna
se quedó en su corazón.
Y mientras cae la tarde encendida
una lágrima le viene a buscar,
y el sol, agotando el último aliento,
le besa antes de marchar.

Mendigo…
con un perro y un café negro,
moja el tiempo lentamente
sin mirar atrás.
Mendigo…
nadie sabe lo que esconde,
pero canta con la noche
y se deja llevar…
Entre cartones arrugados,
cuando la ciudad se va,
hay hombres que pierden todo…
y otros que aprenden a soltar.

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