Y así las espinas brotan en silencio,
mientras la niebla cubre el horizonte,
como la vida que avanza sin concierto,
buscando luz detrás de cada monte.
Aprendes que el poder no es sólo altura,
ni el brillo efímero de la aclamación;
guarda en sus sombras una voz oscura
que prueba el temple de cada decisión.
En aquel gran día de voces elevadas,
cuando los nombres resuenan en el viento,
te ves entre cumbres y hondas quebradas,
entre la gloria y el cuestionamiento.
Las coronas pesan más de lo que muestran,
los aplausos pasan como pasa el mar;
y son las dudas las que más enseñan
el verdadero arte de gobernar.
Porque no es héroe quien jamás tropieza,
ni quien domina por fuerza o ambición;
es quien convierte la amarga aspereza
en senda firme para el corazón.
Y al mirar atrás, tras la larga travesía,
entre la bruma que el tiempo disipó,
comprendes que la grandeza no vivía
en el triunfo final, sino en cómo
llegó.

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