de la
eterna soledad
que son como
dos viejas columnas
de madera
que
sujetan el edificio gótico donde
habitan
los
fantasmas juguetones de tus recuerdos…
Comparto
las migajas
deshojadas de tus caricias
con los
labios
ensombrecidos
de una nube gris
que se
perdió una noche
de
invierno,
entre las
pestañas de terciopelo
que
cubren
con su
aura de tristeza los ojos del llanto.
Sentado
sobre las nalgas envejecidas
de la
eterna soledad…
Dibujo en
las paredes del alma
los
últimos momentos vividos contigo.
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