A veces
mi amor, me gustaría que fueras
una
fumadora
empedernida
aunque
el veneno de la nicotina quemara
mis
pulmones
y no
los tuyos.
Aunque
cada mañana
fuera
yo el que se ahogara en el vientre
de la
tos
y
tuviera que descansar
entre
los peldaños de la escalera
que
separa tu vida de la mía.
Seguro
que no seria tanto el dolor que mi alma
siente
cuando
después de hacer el amor contigo,
con un
halo
de
felicidad en las mejillas,
dejas
caer sobre el nudo que nace en mi garganta,
el rosario
de virtudes
que
cuelgan del pecho de tu ex.
A veces
mi amor,
me
gustaría verte fumar… el cigarrillo de después.
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