Yo se que para ti, mi querida amiga, nunca estaré
a la altura de aquel muchacho
con cara de oráculo chino, que una tarde escondido
entre las pestañas de una apuesta
moldeo con sus manos torpes y faltas de ternura
una vasija de barro
donde enterró tus sentimientos más profundos
y los pétalos desojados de una flor que a ser mujer jugaba.
De aquel muchacho de ego generoso
y pensamiento excluyente
al que una noche huérfana de sentimientos y pasión
le entregaste el calor de tus caricias
dejándote sembrar en la inmensa soledad de tu vientre
un rosal del que nacieron tus dos amores más grandes
y una corona de espinas
que aun hoy sigue clavada en los más profundo de tu corazón.
Yo se que para ti, mi querida amiga, nunca estaré a su altura…
Jesús Pérez Romero
Del libro de poemas EL OTOÑO DE MI SOLEDAD
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