Con las manos ocultas en el vientre vacio
de unos guantes sin alma
llegó el Otoño despeinado y triste.
Se fumó un cigarrillo
sentado en una esquina del silencio
y sin esperar la cena
se fue por la ventana de los recuerdos
llevándose escondido
entre el barro de sus zapatos:
el calor de las caricias
que mis manos y mis labios
habían derramado sobre tu cuerpo
y el fuego
que provocaba tu mirada dentro de mi corazón.
Desnudo de pudor
como la conciencia negra del tránsfuga
se detuvo un momento
sobre una alfombra de hojas caídas
para contemplar con tristeza
los tonos grises de los arboles
que parecían un bosque de chinchetas
y la extrema soledad
de los bancos vacios del parque
donde tantas veces nos juramos amor eterno.
Sin derramar ni una lagrima que delatara su dolor
cantando por bulerías, se perdió una madrugada
en el sombrero de copa de un nuevo y triste amanecer.
Jesús Pérez Romero
(Del libro de poemas EL OTOÑO DE MI SOLEDAD publicado
por la editorial PELICANO)
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