Con las manos desnudas del calor
de tus caricias y los labios
muertos
como el polvo rojo de los
desiertos:
En una nube fumo mi dolor.
Rompo en pequeños trozos mi
rencor
y pido a los dioses de mi
tormento
que una estrella fugaz del
firmamento
en un bolsillo me traiga tu amor.
Como último eslabón de la cadena
que me ata al crucigrama de tu
cintura,
con nocturnidad te robo un soneto
y el fiscal de tu boca me
condena,
a vivir con los vientos de locura
que rompen los muros de tu convento.
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