jueves, 30 de octubre de 2014

DE RODILLAS JUNTO A TU NOMBRE

                         

De la trenza generosa de tu pelo negro como la noche
que orgullosa de su belleza
acariciaba egoísta la tímida desnudez de tu espalda,
hoy solo queda un manojo de algo,
cubierto de moho
derramado sobre unos cuantos huesos
casi destruidos
por la carcoma y la humedad del viento que sopla
a duras penas sobre el rostro ensombrecido de la soledad.

Postrado de rodillas junto a tu nombre grabado
en una lapida de mármol blanco, donde una lágrima
momificada cobra vida en tus ojos vacíos de luz,
el recuerdo doloroso del último beso que nunca te di,
navega contra corriente por los caminos del agua,
con la esperanza
de encontrarte escondida entre la espuma del mar.

Casi borrada por el paso del tiempo, la magia de tu sonrisa
me contagia cada mañana
con la fuerza de tu espíritu de libertad…
Y me trae a la memoria aquellos años donde la escasez
y el duro trabajo en el campo, cada noche se sentaba
en nuestra mesa,
para cenar con nosotros: Café negro y sardinas de arenques.





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