Como esas pequeñas hojas furtivas
que cada madrugada
caen del árbol de tu indiferencia,
casi rozando la ingratitud
con premeditación y alevosía…
Tus caricias tímidas como las gotas
de agua
que se derraman del vaso que rebosa
rozan cicateras y desafiantes
las manos que como mendigos
hambrientos
se abren tímidamente
en cada uno de los poros de mi piel.

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