Con la habilidad de una cazadora furtiva
espera tus presas
escondida en el silencio de la madrugada…
Escondes tus deseos de venganza
entre las aguas cristalinas de una fuente
que mana de tu vientre desnudo
de pudor y ropa
y humedeces con
tu risa de lenguas rotas
las raíces de los recuerdos.
Sentada en los aposentos de tu orgullo,
esperas (con la tranquilidad que dan los años)
a tus presas
que son como esos pequeños animalitos
que cada noche, temblando de frio
buscan en los labios del viento,
el calor de una caricia que calme el dolor de su
soledad

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