Con la resaca de haber vivido una noche
de locura
enfermiza
Abriste un hueco en el vaho del espejo
del baño,
(que parecía un bosque encantado)
y contemplaste con tristeza
las ojeras de la soledad reflejada en tu rostro.
Desnuda de ropas y autoestima
el agua de la ducha resbalaba
sobre tu cuerpo,
mientras que tus manos frotaban tus labios
y tus nalgas
como queriendo borrar
el sabor amargo de las caricias recibidas.
La luz del sol acariciaba los labios del amanecer
y la incertidumbre
el vacio que inundaba cada rincón de tu alma…

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