Con veinte dormitorios de lenguas como espadas
que hieren el pecho de todos los que llegan
hasta la orilla de tus ojos
huyendo de la soledad.
Cada noche
abre un paréntesis entre las nalgas de la luna,
para descubrir nuevas posturas
y adornar las
paredes vacías de tu vientre,
con los retales descoloridos de un romanticismo:
Posesivo, viejo y caduco.

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