Nunca me pude imaginar mi querida
princesa…
Que detrás de esa sonrisa tan bella
como una puesta de sol
se pudiera ocultar
tanto engaño, tanta mentira, tanta crueldad...
Nunca me pude imaginar que esa sonrisa
tan bella…
Solo fuera la fría antesala de un paraíso
donde se oculta
el vacío profundo y oscuro de una mujer
sin alma
que con el amor al esconder juega.
Un día rompiste en mil pedazos mi corazón
y como una guerrera
orgullosa de su victoria en la batalla del amor…
Ocupaste tranquilamente
tu asiento de terciopelo negro
en el palco preferente del teatro de la vida.
Contemplaste con esa luz que da el éxito…
La caída de un dios de barro
que poco a poco
se fue diluyendo en el pozo profundo
de una soledad
impuesta con premeditación y alevosía,
por un ser insensible
a la ternura y el cariño que brotaba
de mis manos
como brota en primavera la flor del azahar de los naranjos...

















