Quiero decirte mi amor…
Que ya no suelo perder
con tanta facilidad
el sentido de la ubicación
y que he aceptado humildemente
el lugar que ocupo
en tu orden de prioridades.
Del agua que cada mañana
se rompe
como un cristal entre las piedras
y los juncos
he aprendido a nadar
contracorriente
anudando dudas
en los cordones de mis zapatos.
Del viento he aprendido a perderme
en las promesas
de un corazón
a medio camino entre los recuerdos
y la esperanza.
De las mariposas, he aprendido
a esconder mi dolor
en la envolvente magia de los colores
que nacen
en el seno de tus mejillas y mueren
cada amanecer
en la oscuridad
de un llanto, mendigando viejas caricias.
De la noche he aprendido el maravilloso
mundo de la oscuridad…
Y del sol, la luz que ilumina el brillo
de tu mirada
y la inocencia
tan frágil que ocultas entre tus manos...

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