Estamos condenados a no vernos...
A morir cada mañana
en los labios del beso que nunca
nos dimos.
Estamos condenados a caminar
desnudos de caricias
que nos aten a los arcanos de la locura.
A pasear sin rumbo por los jardines
de la soledad,
borrachos de ausencia
y perdernos cada noche en los suspiros
de una caracola
que un día se fue con el viento
y se olvidó del mar.
Estamos condenados a no vernos...
Abrazado con fuerza al calor del último
aliento
que cuelga de las manecillas del reloj
que controla nuestra existencia…
Subo
de puntillas a la ventana del tedio
y contemplo
con una sonrisa cargada de ironía
y mala leche
cómo se ahoga mi imagen desnuda
de ropa y esperanzas
en las aguas turbulentas de este río
cargado: de injusticias, guerras y hambre…

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