Casi perdido y sin rumbo
fijo, he navegado
sin descanso
por los siete ríos de
lágrimas que nacen
en mis ojos
y desembocan en el inmenso
mar
de tu indiferencia,
buscando en el vientre
oscuro
de los miles de universos
que conforman
la mágica existencia del
cosmos,
aquel en el que cada
madrugada mueras
de amor,
abandonada entre las
caricias y los besos
que brotan de mis labios,
como brotaron las galaxias
cuando se produjo el big bang.

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