jueves, 10 de julio de 2014

EL OTOÑO DE MI SOLEDAD




Con las manos ocultas en el vientre vacío de unos guantes
sin alma, llegó el Otoño despeinado y triste.
Se fumó un cigarrillo sentado en una esquina del silencio
y sin esperar la cena,
se fue por la ventana de los recuerdos, llevándose escondido
entre el barro de sus zapatos, el calor de las caricias
que mis manos y mis labios
habían derramado sobre tu cuerpo
y el fuego que provocaba tu mirada dentro de mi corazón.

Desnudo de pudor como la conciencia negra del tránsfuga,
se detuvo un momento sobre una alfombra de hojas caídas,
para contemplar con tristeza, los tonos grises de los arboles
que parecían un bosque de chinchetas
y la extrema soledad de los bancos vacíos del parque
donde tantas veces nos juramos amor eterno.

Sin derramar ni una lagrima que delatara su dolor,
cantando por bulerías, se perdió una madrugada
en el sombrero de copa de un nuevo y triste amanecer.


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