El tiempo se desliza como arena en las manos,
llevándose los gozos, sembrando la inquietud.
Cada grano es un sueño, un futuro lejano,
donde el amor, a su sombra, busca su plenitud.
Soñando con un nuevo mañana vibrante,
con color y con música, en cada rincón.
Imaginando tu risa, un canto distante,
que ilumina mi ser y despierta la razón.
Las horas caminan, un susurro fugaz,
tejiendo en el aire recuerdos de ayer.
Cada instante vivido se vuelve un compás,
marcando las notas que no quiero perder.
Navego por este mar de ausencias profundas,
remando en la memoria de días felices.
Cada ola me lleva a contemplar las hondas
heridas que el tiempo, en su paso, desdice.
Los paisajes del alma se tiñen de gris,
pintando nostalgias que el viento arrastró.
Fulgor de los sueños, que oscila y va a su raíz,
el eco de risas que la brisa llevó.
Las flores del campo, un perfume lejano,
susurra en sus pétalos lo que ya no está aquí.
Los ecos de amores que fueron tan humanos,
se disipan en sombras, se marchan sutil.
Las noches son largas, llenas de promesas,
con la luna guardiana de un mundo soñado.
Quisiera encontrar en esas sutilezas
el hilo dorado del tiempo olvidado.
Así voy navegando, perdida en el aire,
como ave errante siguiendo un destino.
A veces un suspiro se vuelve un donaire,
y en sueños perdidos, recreo el camino.
Mas el tiempo es astuto, como río sereno,
la arena se escapa entre dedos con fe.
Y en este vaivén, donde todo es terreno,
el amor se queda en lo que fue y no fue.
Cierro los ojos y veo un horizonte,
donde el sol vuelve a asomar tras la bruma gris.
Las promesas del alba renacen en monte,
en el canto de aves que vuelven a ser.
El ciclo se reinicia, aunque duela el pasado,
la historia se escribe con versos de amor.
El tiempo, con su arte, nos deja legado,
un brillo en el alma y un eco, un clamor.
Se va la penumbra, llega la certeza,
que el amor, aunque ausente, jamás se irá.
Cada grano de arena forma la belleza
de lo que hemos vivido, de lo que aún será.
Y aunque el tiempo corra y sus ríos avancen,
yo guardo en el pecho un refugio sutil.
Donde el amor respira, donde los instantes
se suman en danza, en un ciclo febril.
Así va la balada, contando la vida,
con versos que fluyen como un río en calma.
Cada grano de arena es una historia querida,
donde el amor renace y se apodera del alma.

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