Los recuerdos fluyen, como el agua,
el agua clara de aquel riachuelo,
donde nos entregábamos desnudos
a los besos de la corriente,
el murmullo de las hojas
en el compás del tiempo,
cada rayo de sol un susurro,
cada sombra un nuevo anhelo.
Ahora, el agua no corre,
todo está quieto,
el río se ha detenido,
sus aguas son espejos
de un cielo que ha olvidado
como brillar en la tarde,
y tus ojos, mis amores,
son profundos espejismos
en un desierto de silencio.
Las risas que bailaban
ahora son ecos lejanos,
en el fondo de un corazón
que busca pero no encuentra.
Los pasos que dábamos juntos,
marcas de un tiempo perdido,
se han vuelto ecos de sombra,
se han rendido ante la bruma.

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