martes, 25 de noviembre de 2025

GRITOS COMO ALFILERES


 


Gritos como alfileres de colores,
se van clavando, punzantes, en la sombra,
de la oscuridad que nos abraza,
en un pecho ahogado por su propia alfombra.
 
Recreando en paredes blancas del silencio,
un mosaico vibrante, lleno de vida,
trozos escaneados de figuras que bailan,
vanguardistas, brillantes, en sus horas perdidas.
 
El miedo se oculta entre cortinas,
que adornan aires de altivez florecida,
los que se creen el centro, el ombligo,
del vasto universo, su historia tejida.
 
Viejos espejos, colgados y mudos,
en un retiro donde la luz se disfraza,
se ríen en silencio de la prepotencia,
reflejan su rostro, dulce, y les da la garra.
 
Tres dimensiones de una mosca risueña,
con gafas que brillan, entre risas y llanto,
a punto de caer en la red que acecha,
de una araña astuta, en su cruel canto.
 
El ecosistema de la vulgaridad,
donde la frivolidad tiñe los sueños,
las voces se ahogan en la oscuridad dura,
y el alma busca su hogar, entre dueños.
 
Colores brillantes, como llamas de fuego,
punzan la piel de quienes observan callados,
la conferencia de egos que se nutre del miedo,
en un teatro de sombras, de cuerpos cansados.
 
Las cortinas susurran historias perdidas,
de aquellos que fueron, que pensaron saber,
pero bajo la tela de su altiva llegada,
ahí se esconden, temiendo caer.
 
Las risas de los espejos danzan al viento,
un eco burlón que no cesa jamás,
los que se elevan, con aires de grandes,
olvidan que la caída siempre acechará.
 
Y entre estos gritos como pinceles,
el alma lucha, y se aferra a la luz,
a ese mosaico de la vida vivida,
donde cada golpe da fuerza y virtud.
 
Así, andar por caminos inciertos,
enfrentando demonios que nublan el ser,
se vuelve un arte, un baile constante,
un juego sutil donde hay que renacer.
 
Los alfileres de colores, clavan su brío,
en un pecho que grita, que siente y respira,
los ecos de risa se convierten en canto,
mientras la oscuridad su manto retira.

 

 

 

 

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