miércoles, 26 de noviembre de 2025

OCULTO ENTRE LOS PLIEGES


 

 

Oculto entre los pliegues generosos,
de la almohada que acaricia tu pelo,
cada noche un susurro temeroso,
en mi pecho despierta su anhelo.
 
El recuerdo de tu ausencia me abruma,
cada mañana de otoño desvela,
el café derramado, la bruma,
de un amor que a tu alma se asoma.
 
Trae hasta mí el sabor de la hierbabuena,
que en mi boca dejaste al partir,
un eco de risas, dulzura plena,
un rayo de sol que no quiere morir.
 
Sobre tu vientre, blanco y sereno,
me invento un lecho de telarañas,
en cada hilo un suspiro pleno,
en cada hilo, el tiempo se baña.

Mientras tus caricias, suaves y tiernas,
como gotas de rocío entre ramas,
juguetonas cuelgan, infinitas,
dibujando en el aire dulces tramas.
 
La noche se viste de silencio,
y el viento susurra secretos callados,
en cada esquina, un recuerdo extenso,
en cada sombra, pasos olvidados.
 
El murmullo del río cercano,
acompaña mi pecho que aún te llama,
cada ola, un latido humano,
cada espuma, un deseo que se inflama.
 
Las hojas caen, despidiendo el verano,
y en este ocaso, tus ojos vigilan,
un mundo que fue, un amor temprano,
un fuego en el alma que nunca se apaga.
 
Sigo, buscando en lo oscuro,
la luz de tu risa, la paz de tu voz,
como un faro en la noche, un conjuro,
que ilumina los caminos y se va sin decir adiós.
 
Oculto entre pliegues de tiempos pasados,
sigues siendo un eco en mi corazón,
el recuerdo de besos, momentos sagrados,
teje historias en la eterna canción.
 
Y así despierto, cada mañana,
con el café derramado en la piel,
mientras el otoño su triste campana,
me recuerda que aún eres mi miel.
 
Eres el aire que me habitó,
un canto de amor, un canto sin fin,
aunque ausente, nunca te olvidó,
mi almohada y mis sueños son la raíz.
 
Así tu esencia se encuentra viva,
en la tela que teje mi soledad,
con cada caricia que el viento nos brinda,
te guardo profundo, en mi eternidad.
 
Oculto entre los pliegues generosos,
de esta almohada que guarda tu aliento,
seguiré soñando, sin llantos odiosos,
en la danza eterna de nuestro encuentro.

 

 

 

 

 

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