Cuando el silencio de la noche ingrato como una hoja
de afeitar abandonada
te abre en canal las venas de los recuerdos
y la mirada triste de la soledad
trepa violentamente por las paredes del alma...
Un río desbordado de caricias sin precinto de autenticidad
trae hasta el manantial de tus manos
el tiempo perdido entre los juegos amorosos
desnudo de amor y ternura y los besos con sabor a whisky
que cada madrugada calmaba tu sed de compañía,
arrastrándote violentamente a ese mundo vacío de ilusiones
y esperanzas,
que suele llegar escondido en la mochila
que cuelga como una pesada cruz, de la espalda de la vejez.

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