El aire, como elemento volátil
que a cambiar
de traje cada mañana invita...
Salta
las tapias acristaladas del llanto
y escupiendo
sapos y lagartijas por la boca
juega a su antojo
con el miedo de los que rezan
cada día
en los templos vacíos
y dan
limosnas y consejos a los pobres.
Sobre un mantel cubierto de lunas
plateadas
y mágicos pensamientos
guarda
el pan dentro de un zapato
acordonado
de miradas hambrientas de amor
y ofrece un manjar
de luces y sueños a los dioses del jubileo.

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