Caminando sin frenos por la pendiente
inclinada
que me lleva como tirado
con una honda
a la tímida mirada de la vejez…
Mis manos torpes y vacías
sujetan
el perfil de un autorretrato
descolorido
como queriendo parar el tiempo
y saborear
sorbo a sorbo, la efímera juventud
que nos regala el incierto
y poco generoso manantial de la vida.

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