En las tardes lánguidas del invierno,
cuando la niebla abraza el sendero,
las garras de soledad hacen su juego
y ocultan su rostro en el frío de enero.
El tiempo avanza, con paso eterno,
los minutos se dibujan en acero,
y en el silencio oscuro, donde me encuentro,
los recuerdos de tu amor son un desvelo.
Aquel amor tirano, fuego y hielo,
llena mi pecho de un dulce anhelo.
Con reproches y sombras, en la negrura,
abro las puertas del infierno, en locura.
Le arranco las uñas negras al viento,
que altanero baja veloz del monte,
para besar tu boca con devoción,
y olvidar el sufrimiento, a su horizonte.
Un susurro de tu voz, en el lamento,
resuena en mis venas como un torrente,
y en la penumbra, donde el alma siente,
encuentro la luz de un amor latente.
Cerrando los ojos de la razón,
te encuentro en el eco de una canción;
cada nota es un verso, un nuevo anhelo,
que me envuelve en su magia, dulce y sincero.
Las estrellas titilan en este cielo,
y a cada paso, un recuerdo entero
se posa en mis labios, cual un destello,
de los días vividos, tan puro y tan bello.
Tiempos de invierno, el abrazo helado,
pero en mi pecho, un fuego sagrado;
los recuerdos de ti, no olvidados,
son la antorcha que guía mis pasos errados.
El viento murmura secretos lejanos,
y en susurros trae voces de veranos.
A veces me encuentro perdido, cansado,
y el eco de tu risa me deja atrapado.
Miro las sombras danzar en la vida,
mientras la nostalgia entona su herida.
Las puertas del tiempo se abren y cierran,
pero el amor eterno nunca se aferra.
Un día, tal vez, encontraré la calma,
y el peso del mundo se irá de mi alma.
Pero mientras tanto, en noches sombrías,
bailo con los fantasmas de mis días.
En las tardes lánguidas del invierno,
cuando la soledad es este cerco eterno,
te busco en el viento, en cada suspiro,
y hallo en tu ausencia un dulce retiro.
Así, el tiempo sigue su marcha voraz,
entre recuerdos que no saben de paz.
Pero en cada latido, la esperanza florece,
y en el dolor, mi amor te enriquece.
Vuelve a mis sueños, oh amor lejano,
quebrantando el silencio con un solo grano.
Así las tardes, aunque sean gélidas,
me llenan de vida, tus memorias, cálidas.






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