martes, 1 de julio de 2025
CUANDO EL PUEBLO SUFRE EN SUS CARNES
Cuando el pueblo sufre en sus carnes el ataque salvaje de los gobiernos,
los ecos de gritos se mezclan con el viento, un clamor ahogado por lejanos lujos.
Las manos callosas buscan justicia, mientras en los palacios brillan los espejos.
A la sombra de columnas doradas, las promesas se desvanecen como humo.
Un niño mira a su madre, sus ojos llenos de preguntas sin respuesta.
En las calles, los hilos de la vida se entrelazan en una danza de desesperación.
La tierra llora bajo el peso de una cosecha marchita y olvidada.
El sol se oculta tras nubes grises que traen consigo la sombra del desamparo.
Las plegarias resuenan en templos vacíos, sanctuarios que deberían ofrecer alivio.
Los rostros de fieles perdidos en el tiempo, mientras la fe se evapora como la niebla.
Las balas silban sobre las cabezas, como un canto triste de cuervos al alba.
En los cielos, se dibujan fronteras, marcas invisibles que dividen lo sagrado.
El hombre de la plaza grita, su voz rasga el aire como un relámpago.
El eco se pierde entre edificios grises, las ventanas ajenas cierran sus miradas.
Las mujeres, portadoras de la memoria, llevan en sus brazos el peso del dolor.
En cada lágrima hay una historia, de resistencia, de lucha, de reivindicación.
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