La mañana abre sus brazos
de pan tostado…
Y en un suave esperezo
lava
su cara de niña traviesa
con el agua
fresca de un caudaloso río.
Un rio
que en su corriente lleva:
los sueños rotos
y las esperanzas perdidas
de un pueblo
que cada día riega los campos
con el sudor de su frente.
Sentada
sobre el tronco retorcido
de un viejo olivo
la mañana
peina sus rubios cabellos
y se pierde
cantando alegremente
entre los naranjos
cubiertos de la flor del azahar...

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