Del viento he aprendido a
perderme
en las promesas
de un corazón
a medio camino entre los
recuerdos
y la esperanza.
De las mariposas, he
aprendido
a esconder mi dolor
en la envolvente magia de
los colores
que nacen
en el seno de tus mejillas y
mueren
cada amanecer
en la oscuridad
de un llanto, mendigando
viejas caricias.
De la noche he aprendido el
maravilloso
mundo de la oscuridad…
Y del sol, la luz que
ilumina el brillo
de tu mirada
y la inocencia
tan frágil que ocultas entre
tus manos...

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