Estamos
condenados a no vernos...
A
morir cada mañana
en
los labios del beso que nunca
nos
dimos.
Estamos
condenados a caminar
desnudos
de caricias
que
nos aten a los arcanos de la locura.
A
pasear sin rumbo por los jardines
de
la soledad,
borrachos
de ausencia
y
perdernos cada noche en los suspiros
de
una caracola
que
un día se fue con el viento y se olvido del mar.
Estamos
condenados a no vernos...

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